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palabras a espectadores y a creadores

 

confianza. confianza en el creador. confianza cien por cien en el creador. confianza ciega en la gente que tiene algo que decir. la confianza es nuestro primer instrumento de trabajo a la hora de programar, de crear, de ver, de trabajar… desde el principio nos vimos en la obligación de crear una estructura que posibilitara una plataforma a creadores y grupos humanos creativos con el fin de que pudieran hablar en voz alta o en voz baja y ser oídos. este objetivo está cumplido.

                                             

pero la estructura debido a causas externas es inestable, ahora mismo demasiado inestable.

por eso jugamos fuerte, arriesgamos más que nunca. siempre en busca de una falsa estabilidad. en esa línea fortalecemos una serie de ideas como son nuestra política de programación, nuestras creaciones y cohesionando ambas una línea temática que llamamos monotema.

 

nuestra programación tiene claro un concepto ya utilizado en esta breve reflexión: confianza. la mayoría de las creaciones que programamos tienen la característica principal de ser estrenos, de ser creados en/para este espacio concreto. no programamos con un vídeo en mano sino con la fuerza de la confianza en el creador que nos presenta la propuesta. eso nos vale. eso nos convence. si su propuesta coincide con la idiosincrasia de nuestro proyecto inestable le damos la confianza y le prestamos nuestro espacio. acuérdense de nuestro lema inaugural de proyecto: siempre que necesites mi espacio te lo voy a dejar. así es.  creemos y confiamos en ese creador poderoso que trabaja arriesgándose sobre la escena a cuerpo desnudo. nuestra última responsabilidad de cara a los espectadores si el espectáculo no es el mejor. qué pierde el creador si no consigue llegar, cuajar, idear, crear algo bello, interesante, atractivo… una clara y plena pérdida de confianza y de credibilidad artística de los espectadores y del proyecto inestable. lo mismo ocurre con nuestras creaciones. si no conseguimos convencer al espectador, divertir,  que confíen en lo que le presentamos como algo verdaderamente auténtico… perdemos. y perdemos mucho.

 

cada temporada intentamos cohesionar la temática de los espectáculos que programamos y de nuestras creaciones. aquello que nos preocupa, que nos mueve en una dirección concreta, que nos desarma y nos provoca alarma, que nos altera, nos irrita o creemos que pueda interesar a nuestros espectadores es dado a conocer a los creadores que giran alrededor de nuestro proyecto. si esta temporada ha sido el refugio podemos adelantar que la temporada que viene el tema que cohesionará la programación y nuestras creaciones es el hombre del siglo xxi: sus miedos, sus ascos, sus necesidades, las trasformaciones que ha sufrido el concepto de ser humano a lo largo de los últimos años conectadas a filosofías como las que presentan  nancy y deleuze.

 

el cuerpo como una incertidumbre confundida, hecha astillas. el cuerpo como producto tardío del siglo xxi, como una decantación de occidente en la que aparece lo desastroso como nuestra angustia puesta al desnudo. se trata del hecho de olvidar el cuerpo como algo perecedero y  precario que sólo aparece en momentos límite de dolor, placer, sexualidad, fatiga, heridas, como las performances de beuys, etc.

 

con deleuze y rodin empiezan a aparecer representaciones parciales, órganos separados sobre todo sexuales. esto viaja entre las fronteras de lo natural y lo artificial dando lugar a un cuerpo fragmentado, a un cuerpo cuyos órganos se han emancipado.

 

por otro lado podemos presentar al ser humano del siglo xxi des del punto de vista de las trasformaciones que ha sufrido en lo que se refiere  a sus comportamientos y a su manera de relacionarse con los demás, con la gente de su alrededor. hablaríamos pues de un ser humano individual, antisocial y vacío por dentro, cuyas necesidades ya no se corresponden a las de antaño. el sistema en que vivimos ha creado unas necesidades ilusorias y falsas para nosotros que la mayoría de gente ha aceptado y asimilado como si de verdades absolutas se tratara; necesitamos un móvil, una secadora, un gps, tener dos coches, llevar ropa de marca… en definitiva toda una serie de posesiones materiales que solemos confundir con la felicidad pero que para nada cumplen dicho objetivo y dan lugar al vacío a la soledad, a la ansiedad, a las depresiones, al aislamiento…

 

confianza en el ser humano pese a todo